jueves, 9 de mayo de 2013
Adiós maestro

Alfredo Landa acompañó a un señor de Murcia en París, a verdugos en la España negra, atracó a las tres e hizo rebajas con el rostro tiznado, fue soldado de pega y cateto a babor, vecino del quinto y un crack, santo inocente e historia de un beso.
Fue españolito bajito, feo, reprimido y con cara de bueno, y todos los españolitos bajitos, feos, reprimidos y con cara de bueno lo convirtieron en héroe y referencia. El Landismo se llamó aquella proyección triunfante de las frustraciones de la platea.
Cine blanco y de propaganda, comercial y de autor, tercera vía, teatro, televisión… “Si no hubiera sido actor no habría sabido qué ser en la vida, no habría sido nada” dijo en un ocasión. Tras el retiro, se conformó con vivir, que es algo alejado al VIVIR del cómico sobre el escenario, pero también importante. Ahora ya sabemos que tampoco está ahí, en la sombra tras los focos. Aunque si afino la mirada igual distingo todavía su pequeña y amable figura, seguro que si cierro los ojos soy capaz de ver su cara de bueno, sonriendo dicharachero entre bambalinas… ¡Ahí está!
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