domingo, 22 de abril de 2012
viernes, 20 de abril de 2012
Rubias
- Hay qué lindo, ese es mi color favorito..!!
¿viste El Señor de los Anillos?
- Sííí, pero no le compré nada...
- A ver rubia... ¿Simón Bolívar murió en........?
- "fermo"....
Dice la rubia:
- ¿Qué pasa con el facebook? Me dice "su clave es incorrecta", pongo "incorrecta" pero ¡no me entra!!!..
Un cura en la iglesia dice:
- Hoy confesaré a todas las devotas.
Se levanta la rubia y pregunta:
- y las que vinimos con zapatos... ¿cuándo nos toca?
Señorita:
- ¿Digame que sabe de la gelatina?
-
Bueno en realidad no sé qué decir. En mi escuela sólo me enseñaron la "Y"
griega y la "I" latina, pero la "G" latina nunca supe de ella, es posible que ese día no fuera a clase.
Dígame ¿ A qué corresponde esta formula química H2O+CO+CO
- Esa es fácil... pues eso es agua de coco...
Una comida diferente
Pagó la última ronda de unas cervezas que le habían sentado divinamente después de una intensa semana de trabajo, se lo habían pasado bomba despotricando del viaje del Papa, de la hipocresía de la Iglesia , de todo lo que les pedía el anticlericalismo que los unía como la amistad que se profesaban y que les servía para estar colocados en la misma empresa pública de la Junta.
Se
fue a casa para comer algo antes de echarse una buena siesta, pero de
camino se encontró con un olor que lo llevó directamente hasta el
paraíso efímero de su infancia. Un olor a cocido, a caldo humeante, el
aroma que lo recibía cuando llegaba a su casa después del colegio, con
su madre atareada en la humilde cocina donde la olla hervía sin cesar.
Entró
en un local que le pareció un restaurante modesto, pero con encanto;
iba distraído, pensando en el Informe Técnico sobre Prevención de
Riesgos Psicosociales de las Personas Expuestas a Situaciones de
Disrupción Económica Familiar que le habían encargado en la empresa
pública donde trabaja. En realidad, no era un restaurante; sino un
autoservicio frecuentado por gente de toda condición. Había personas
ataviadas a la antigua usanza, junto a individuos solitarios que
vestían según las normas alternativas del
arte povera.
De
pronto abrió los ojos y se quedó pasmado al comprobar que, quien le
servía la comida en la bandeja, era una monja. Aquello era un comedor
social y se vio rodeado de eso que nunca se nombra en los informes ni
en los dosieres que prepara: pobres.
Quiso
retirarse; pero la monja no lo dejó. Le sonrió y le dijo que no se
preocupara, que la primera vez es la más complicada, que no debía
avergonzarse de nada, que el cocido estaba buenísimo y que, de segundo,
había filete empanado; que no se perdiera las vitaminas de la ensalada
ni de la fruta, y que podía rematar la comida con un helado de los que
había regalado una fábrica cuyo nombre obvió. Se vio sentado a una
mesa donde un matrimonio mayor, y bien vestido, comía en silencio, sin
levantar los ojos de la bandeja. Enfrente, un tipo con barba descuidada
sonreía mientras devoraba el filete empanado y le contaba su vida;
había perdido el trabajo, el banco se había quedado con su casa,
después del divorcio no sabía a dónde ir; menos mal que las monjas le
daban comida y ropa, y que dormía en el albergue bajo techo. «Al final,
he tenido
suerte en la vida, compañero; así que no te agobies, que de todo se
sale». No podía creer lo que estaba sucediendo. Nadie le había pedido
nada por darle de comer, ni le habían preguntado por sus creencias. Se
limitaban a darle de comer al hambriento, sin adjetivos.
Al
salir, no le dio las gracias a la monja que le había dado de comer.
Pero no fue por mala educación, sino porque no podía articular palabra.
Una inclinación de cabeza. Ella le contestó con una sonrisa leve.
«Vuelvecuando lo necesites y, si no estoy, di que vienes de parte mía.
Me llamo Esperanza».
ARTÍCULO DE PACO ROBLES EN ABC
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